EL HAMSTER: Mi homenaje a los animales en el espacio

Por / 0 Comentarios / 21/05/2017

A partir de la década de los cuarenta, son muchos los animales que han sido puestos en órbita con el objetivo de probar la supervivencia en los vuelos espaciales y para investigar diferentes procesos biológicos y los posibles efectos que la microgravedad pudiera tener al exponerse a las hostiles condiciones que ofrece ese ambiente.

En el año 1946,  Las moscas de la fruta fueron los primeros organismos en ser lanzados en una misión internacional de 12 días de duración, quienes abandonaron el planeta acompañadas de un hongo, Beauveria bassiana, el que iba guardado en un tubo de ensayo. Los ejemplares escogidos pertenecían tanto al estado adulto como al embrionario. El propósito del experimento era investigar sobre los efectos de la exposición a la radiación a elevada altitud, lo que ayudaría a evaluar si en años posteriores podrían participar seres humanos en los viajes espaciales. La razón de utilizar primero moscas y no otros organismos, residió en que los cambios en su ADN se producen con gran facilidad, lo que podría implicar el rápido desarrollo de tumores.

Dos años mas tarde, la NASA lanzó al espacio al primer mono, llamado Albert I, quien fue enviado anestesiado como todos los otros monos que le siguieron, pues con esto se buscaba disminuir su sufrimiento, y conectado a sensores que median sus signos vitales. Luego en 1949, Albert II,  se uniría a la lista de animales enviados al espacio, sin embargo falleció al alcanzar una altura de 84 millas,  en una colisión al caer el cohete durante el aterrizaje, después de que el sistema de paracaídas fallase.

Posteriormente, Estados Unidos  envió ratones en tres cohetes de pruebas de reingreso durante el proyecto “Ratones en el poder ” en 1958. Ninguno sobrevivió. Además, en 1959, otros catorce ratones perecieron en un cohete a Júpiter después de que despegó de Cabo Cañaveral .

Otro mono se lanzó al espacio, Albert IV, quien aguantó el vuelo, pero tampoco sobrevivió al aterrizaje. Sí lo haría, sin embargo, un ratón que culminaría los viajes espaciales de la misión V-2, la que se hizo popular por las series de Albert ( del I al VI),  que eran la denominación que recibían los animales que llevaban a bordo las naves espaciales. 

Desde entonces, se enviaron muchos monos, conejos y ratones al espacio, especialmente en los años 50 y 60, tanto por Estados Unidos como por la Unión Soviética, cual procedimiento de rutina para la exploración espacial. 

En el caso de los perros, Desde 1951 a 1957, cerca de veinte perros fueron enviados por la NASA en misiones espaciales, y  ninguno logró orbitar la Tierra. En la década de los 50, un total de 57 misiones rusas fueron tripuladas por perros.

Esto nos lleva a señalar que Laika, la perra cosmonauta, quien fuera enviada al espacio en 1957 abordo de la nave soviética Sputnik-2, no fue la primera perra en viajar al espacio.

Laika, era una perra callejera, de aproximadamente 6 kilos de peso, que fue capturada junto a otros canes por científicos, los que suponían que su forma de vida  les había acostumbrado a condiciones extremas, por lo que tendrían mayores opciones de enfrentar el rigor de un viaje espacial experimental.

Fue sometida  a un duro proceso de entrenamiento y adaptación, que consistía en encerrarla en pequeñas jaulas que progresivamente eran reemplazadas por otra más pequeña, para ir acostumbrándola al reducido compartimento de la rudimentaria cápsula en el que viajaría al espacio. 

En 2002, con motivo del Congreso Espacial Mundial de 2002el científico del Instituto de Problemas Biológicos de Moscú, Dimitri Malashenkov, contó que si bien los científicos soviéticos programaron mantener la vida de Laika durante unos 7 a 10 días, ella murió luego de 5 ó 7 horas luego del inicio de la misión (el 3 de noviembre de 1957),  por causas asociadas al estrés que la experiencia le produjo y posiblemente al sobrecalentamiento de la nave

Problemas en el diseño del Sputnik-2, impidieron que la nave se separara de la última etapa del cohete y Laika tuvo que soportar una humedad y temperaturas muy elevadas. Sin importar su sufrimiento y pánico, Laika, se convirtió en el primer ser vivo capaz de orbitar alrededor del planeta Tierra.

Cuando el Sputnik-2 reingresó en la atmósfera terrestre el 14 de abril de 1958, Laika estaba fallecida en su interior, y la nave se desintegró totalmente.

En 1959, Able, un mono de Rhesus (de 3,18 kg de peso),  y Baker (un mono ardilla peruano de 310 gr), fueron los primeros monos en sobrevivir a un viaje espacial. Los monos volaron hasta una altura de 579 km, soportando una presión 38 veces superior a la normal, y quedando en condiciones de ingravidez durante 9 minutos. A lo largo de sus 16 minutos de vuelo,  alcanzaron una velocidad máxima de 16.000 km/h.

Able, murió cuatro días después del vuelo, debido a una reacción a la anestesia ocupada en la operación que iba a retirarle un electrodo infectado. En tanto, Baker,  vivió hasta 1984 en las dependencias del Centro Espacial de Huntville, Alabama.

Otros perros Soviéticos enviados al espacio fueron Belka y Strelka, junto con un conejo, un grupo de ratones, dos ratas, y otras muestras biológicas, en el Sputnik 5. Uno de los cachorros de Strelka se le dio más tarde como un regalo a Caroline Kennedy, y su descendencia se perpetua hasta hoy.

El primer conejillo de Indias espacial voló con la nave soviética Sputnik 9, el 9 de marzo de 1961, junto con un perro llamado Chernushka, un muñeco cosmonauta llamado Ivan Ivanovich, y una variedad de ratones y reptiles. Ivan abrió el paracaídas con seguridad de vuelta a la tierra y los animales llegaron a salvo.

Francia, lanzó la primera rata al espacio el 22 de febrero de 1961, quien fue llamada Héctor, Después de volar a una altura de 125 kilómetros, Héctor fue recuperada con éxito. Dos ratas más fueron lanzadas en octubre de 1962.

Un año más tarde, 1963, fue enviado en un cohete Véronique AGI el gato “Félicette” o “Félix” , quien llevaba electrodos implantados en la cabeza para medir sus impulsos neuronales. Completó su misión y regresó con vida, aunque el siguiente gato espacial murió en su viaje.

Veterok y Ugolyok también merecen ser mencionados, ya que en 1966, volvieron a la tierra sin quemarse o explotar, después de pasar 22 días en órbita. Los astronautas humanos no rompieron este récord hasta 1973.

En 1969, Argentina fue el cuarto país en intentar colocar seres vivos en el espacio. Los primeros lanzamientos se hicieron con ratones, ratón Belisario y la rata Dalila;  y luego con el Mono Juan, quien solo hizo un vuelo a la mesosfera.  Fue lanzado desde el Centro de Experimentación y Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados, ubicado en el Departamento Chamical, en La Rioja

El Apollo 16, que despegó el 16 de abril de 1972, llevaba un cargamento de nematodos, un tipo de gusanos. El Apollo 17, lanzado el 7 de diciembre de 1972 viajó con cinco ratones enanos.

En 1973 la misión espacial Skylab 3 llevó al espacio a las primeras arañas de jardín europeo llamadas Arabella y Anita, debido al experimento “arañas en el espacio”, cuya la idea era observar cómo la ingravidez y los vuelos espaciales afectan a la construcción de la telaraña.

Ambas arañas lograron tejer sus telas, Arabella terminó primero. Las redes tardaron más de lo normal para completarse y se mostraron algunas variaciones con respecto a las redes normales en la Tierra, figuraban diferencias de espesor y eran de una calidad más fina en general. Ambas arañas murieron en el espacio, presumiblemente por deshidratación y sus cuerpos se encuentran en exhibición en el Museo Espacial Smithsoniano.

En la Soyuz 20, en 1975 , un grupo de tortugas batieron el récord de estancia animal en el espacio, permaneciendo 90 días y medio a bordo de la nave, siendo los primeros animales en orbitar la luna.

El último vuelo del transbordador espacial Columbia en 2003 llevó gusanos de seda, arañas de seda de oro, abejorros carpinteros, hormigas recolectoras  y peces Kilis Japoneses. Las últimas misiones del transbordador incluyeron proyectos escolares, de institutos y universitarios; algunos de ellos transportaron: chinitas, hormigas, huevos de insectos palo y gambas quiste de salmuera. Otras misiones científicas incluyeron huevos de polillas gitanas.

El 12 de julio de 2006, Bigelow Aerospace lanzó su modulo espacial, el Genesis I, en el que se incluyeron cucarachas silbantes de Madagascar y alubias saltarinas mexicanas (semillas con las larvas vivas dentro de las polillas Cydia deshaisiana).

El 28 de junio de 2007, Bigelow lanzó el Genesis II, un modelo similar al Genesis I. Esta nave espacial fue cargada con cucarachas silbantes de Madagascar, y además añadió escorpiones de piedra plana sudafricanos  y huevos de hormigas recolectoras.

A este grupo de países se unió China, enviando un pasaje de ratas en 1964. Un año después repitieron la experiencia, y en 1966 fueron dos perros los que volaron. El 5 de octubre de 1990, China puso en marcha el Biosatélite FSW-1 3 que contenía una colección de 60 plantas y animales que incluía conejillos de indias.

Además, dos ranas toro fueron lanzadas en una misión de ida en el satélite orbital “Frog Otolith” o también conocido como “Programa: otolitos,  ranas en órbita”. La palabra otolitos se refiere a un mecanismo del oído interno para el control de equilibrio, puesto que buscaba entender el proceso motriz degenerativo causado por la ingravidez. La nave no fue recuperada.

El primer tipo de peces en el espacio pertenecian a la tipo mummichog, un espécimen acuático pequeño y fuerte que se suele utilizar para proyectos de investigación debido a su capacidad de sobrevivir en condiciones extremas. Un par de Mummichogs acompañaron a la estación espacial Skylab 3 (1973) para proporcionar más información sobre el órgano otolito.

Muchos otros tipos de peces también han estado en el espacio como por ejemplo, guppies, danios cebra, carpa, xifos, killifish japonés, pez sapo y ostras.

Este es un pequeño homenaje a todos los animalitos que han surcado el espacio, algunos conocidos y tantos otros ignorados, quienes obligadamente fueron los pioneros que cimentaron el camino a las misiones tripuladas por humanos.

Escrito por Paulina Briones

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