EL HAMSTER: El gran engaño

Por / 1 Comentario / 10/03/2013

Cuando éramos niños intentábamos encontrar respuestas a todas las interrogantes que nos surgían. El mundo nos parecía un lugar insondable, pero justo ahí es donde radicaba su atractivo. El instinto primigenio de conocer el mundo nos inundaba. Imaginábamos diversos contextos en nuestros juegos, éramos policías y ladrones, padres y madres, seres de otros planetas y animales. En aquella etapa, que se extiende de forma variable entre las personas, la curiosidad no tenía límites.

Sin embargo, las personas con mayor experiencia en la vida, en el necesario proceso de aprendizaje, intentaron calmar nuestras inquietudes con respuestas  agradables que no afectaran supuestamente nuestra inocencia infantil. Nos inventaron un mundo de colores donde cada  animal (humano y no humano) era feliz, podía gozar de su vida y ayudaba a los demás de manera desinteresada.

Los demás animales, que reconocíamos como nuestros iguales, que estábamos convencidos que no merecían ser dañados, que comprendíamos que eran capaces de sentir amor, alegría y tristeza igual que nosotros, poco a poco nos empezaron a interesar en la medida en que nos servían como especie. La sociedad se encargó de hacernos creer que esa era la relación correcta que debíamos tener con ellos. Y ahí también comenzó el gran engaño.

Nos dijeron que la vaca gustosa nos entregaba de su leche como una forma de retribuir nuestra amistad con ella. Nos hicieron creer que las gallinas nos daban como regalo sus huevos por el cuidado que les entregábamos, que vivían en libertad y que podían convivir con otros de su especie.  Nos convencieron que los cerdos apenas se daban cuenta de cuando los mataban para traer a nuestros platos ese necesario plato de carne. Se esmeraron en el entorno familiar, en el colegio, en los medios de comunicación y la publicidad, en atribuir valores positivos a la pesca, al rodeo y a los zoológicos.

Nos mintieron.

No quisieron decirnos que en la industria la vaca para producir leche debía ser inseminizada artificialmente (violada) cada cierto tiempo, que su instinto materno debía ser coartado por la separación forzada con su cría a los pocos días del nacimiento, que el futuro de ese nuevo ser que llegó al mundo es convertirse en un paté de ternera, que si nace hembra vivirá esclavizada o torturada como su madre o que si es macho será envenenado o vendido por no ser rentable para el negocio. No nos dijeron que a las gallinas se les corta el pico para que no se maten entre ellas por el hacinamiento extremo en que viven, que son hormonadas para que produzan más huevos de lo que harían naturalmente, que a los pollitos los pasan por tituradoras para hacer otros productos. Detrás de las gruesas murallas del matadero, a los cerdos se les corta la cola, se producen situaciones de canibalismo por el estrés que deben soportar,  los que nacen con problemas de salud son estrellados contra la pared hasta la muerte, a los sanos los engordan, los golpean, y al final les disparan aire a presión en sus cabezas, los electrocutan, los queman vivos. Los peces se ahogan en la superficie, sus órganos revientan por la presión de la red de arrastre, el anzuelo los daña irreversiblemente. Si crees que esto es horrible, malas noticias, estos son sólo unos pocos ejemplos entre las muchas acciones de barbarie que ejercemos contra otros animales.

Nos vendaron los ojos con mentiras para que no sintiéramos culpa al momento de consumir sus cuerpos, derivados de estos o ir a espectáculos donde eran utilizados. Nos hablaron de que no era posible que alguien pudiera vivir sin consumir productos de origen animal, ahora nos quieren hacer creer que las personas que lo hacen son desadaptados, extremistas, antisociales, sectarios y contrarios a las enseñanzas de un ser superior de dudosa existencia.

Tú bien sabes que los demás animales sienten y merecen nuestro respeto. Nunca seremos capaces de dimensionar el nivel de sufrimiento y desesperación que tienen esos individuos por culpa de nosotros, pero sí podemos hacer cambios adoptando el veganismo ahora que nos enteramos de lo que producen nuestras acciones. Volvamos a creer en un mundo realmente justo donde los animales no sean considerados nuestras propiedades. No permitas que te sigan engañando, infórmate bien para que no te hagan creer que está bien explotar a otros a causa de su especie.

Leonardo Vásquez T.

Escrito por Leonardo Vásquez T.

Estudiante de Periodismo, vegano hace dos años. Puedes escribirle a leonardo@vegetarianoschile.cl o encontrarlo en Twitter como @leovasquezt.

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