EL HÁMSTER: Zoológicos ilógicos

Por / 0 Comentarios / 29/12/2014

Taco, oso polar del Zoológico Metropolitano.

Taco, oso polar del Zoológico Metropolitano.

En estas últimas semanas han aparecido muchas noticias relacionadas con los zoológicos: se sumó un panda rojo a las jaulas del Buin Zoo, la justicia argentina falló a favor de un orangután para otorgarle un hábeas corpus y en Buenos Aires murió un oso polar debido a las altas temperaturas. Estos recintos hacen alarde de sus objetivos conservacionistas y educativos, sin embargo, ¿qué tan de cierto hay detrás de esos supuestos propósitos?

 

Los zoológicos comercializan o intercambian animales para aumentar su oferta al público y “conservar especies”. Podría sonar algo lógico pero apuntemos hacia la real necesidad de la preservación de ese grupo de animales. ¿Qué sentido conservacionista a largo plazo hay en tener animales aislados de sus hábitats? Se mantiene el material genético, claro, pero la importancia de una especie está en el rol que cumple dentro de la biodiversidad que sustenta al ecosistema de origen. Esta conservación de la que hablan los zoológicos se enfoca en la megafauna, por supuesto, no en insectos, microorganismos o incluso hongos que sostienen los ecosistemas. Especies rentables, obvio. En cambio, si en vez de mantener el lucrativo mercado de animales se enfocaran los esfuerzos en defender sus hábitats, ahí podríamos encontrar un trabajo de conservación profundo, visionario e integrador de todos los aspectos que definen a una especie, tomando en cuenta su entorno orginal.

 

Habría un gran problema sin zoológicos, dicen sus defensores, ¿los niños cómo podrían conocer animales entonces? ¿Cómo los educaríamos sin un lugar donde pudieran verlos? La experiencia trae aprendizajes significativos, sin duda, pero la educación según los zoológicos es un acto vacío e incompleto. La educación debe ser una instancia integral, que aporte vivencias relevantes, conocimiento y valores. Incluso los planes y programas de estudio del Ministerio de Educación incluyen los Objetivos Fundamentales Transversales, no podemos hablar de educación si omitimos valores como la empatía, el respeto o la solidaridad. El zoológico muestra que podemos pasar a llevar los intereses de seres sintientes con tal de cumplir con nuestros objetivos individualistas, aunque esto signifique someter, privar de libertad, humillar, denigrar e incluso provocar sufrimiento.

 

A principios del siglo pasado hubo discusiones para terminar con zoológicos humanos, algo impensable actualmente. Ese mismo debate se está dando contra los zoológicos ahora y es necesario incrementarlo, no puede aceptarse moralmente que estos lugares sean el panorama del fin de semana para la familia o plantearlos como opción para salidas pedagógicas. Sí cumplen un rol educativo y constructivo lugares como el Centro de Rescate y Rehabilitación de Primates de Peñaflor o el Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces, por ejemplo, donde los animales dejan de ser considerados propiedad y se priorizan sus necesidades. Podemos dar un gran paso como sociedad y hacer que los zoológicos pasen de ser cárceles a centros enfocados plenamente en aportar para hacer un mundo mejor para todos.

Escrito por David Gómez V.

Miembro de No Más Vivisección, vegano, adepto de la Ecología Profunda y profesor de inglés.

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